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Domingo, 10 Marzo 2019 11:04

ARDE LA PASARELA, TETÉ

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En el espacio conviven escenas. Un septeto y tres solos. Uno de los solos es intervenido por un cuerpo que pareciera mantenerse al margen de “lo escénico”

En el septeto reina una calma como de vidriera. Una foto en escala de grises. Un silencio ceremonial imperturbable a pesar de la música. Algo de lo pusilánime me toma, como cuando ves un capítulo de Black Mirror y te da miedo el futuro que promete éste presente que te contiene. 

Aunque ahora que me detengo a ver, las formas cambian. Este recurso de la mutabilidad sutil, tan vigente como vintage (cuántas letras en común pueden tener dos palabras), me resulta atrapante. Sumado al espacio que también lo es, en el buen y en el otro sentido del término. 

Veo dedos de madera y en ellos el movimiento leve del que ya todxs somos conscientes. Palitos de sushi encajados en cuerpos marcan, miden y evidencian que sostener el palito es sostener lo insostenible. Lo que incomoda pero estiliza, lo que tortura pero hermosea, lo que domestica pero nos hace pertenecer, y ya que estamos, empiezo a confundir las poses con posiciones de ballet. 

Mientras tanto un maniquí. Un modelo no tan vivo y las luces que configuran una escena con tiempo y espacio propio dentro de la performance. La música se esfuerza por ser una textura que lo envuelve todo. 

Espasmos y sonrisas nunca faltan a la hora de zambullirse en los bajos mundos del morbo y la deformidad. Me siento zambullir con ellxs. Está oscuro y escribo sin mirar la hoja sabiendo que luego quizás no entienda mi propia letra. No puedo parar de mirar esa pasarela, la que arde y no de glamour. 

¿Qué medidas tenés? ¿A cuánto del 90/60/90 te encontrás? ¿XS, S, M, L o XL? ¿X? ¿XXX? ¿Xtra qué? 

Ahora no sólo en mi mente está el ballet, en las gestualidades comienzan a filtrarse algunos guiños, como invitando a entender. Además de enmarcar todo esto en una obra de danza, en esos movimientos se explicita algo de la dificultad de ser bellxs, de lo costosa, dolorosa y exagerada que puede ser la búsqueda de “la belleza”. Siento que más allá de la cantidad de capas que puede presentar un concepto como éste, aquí y ahora, todxs sabemos de qué se trata. Y siendo la belleza algo tan cultural, subjetivo y por ende, relativo, dicha certeza colectiva me genera algo de culpa. Un sentimiento similar al que me despierta calzar en el estereotipo dominante, osea, ser flaca por defecto. 

Parece que stereós “sólido” y typos “molde”. Así que además de ser el modelo imperante que nos persigue y perseguimos consciente e inconscientemente, es todo lo que puede inmovilizar una medida. 

En ese sentido, pienso que una vez más estamos en el terreno de la economía. Cuerpos-mercancía y privilegios. Deseados o no, reconocidos o no, privilegios al fin. Porque así funcionan, no preguntan si los buscaste o si querés hacer uso y abuso de ellos, simplemente funcionan. Y por más que queramos desdoblarnos del mundo en el que ya sabemos qué es ser bellx para habitar nuevos y variopintos, aunque deseemos invocar otras vidas de la belleza que no tengan tanto que ver con la muerte y creamos firmemente que nos merecemos esa oportunidad, la belleza es una y hacerse la que no, es una necedad. 

¿Será requisito o simplemente es la imposibilidad de hacer otra cosa más que construir belleza en la danza? ¿Danza belleza de cuerpos? 

La elegancia que sugiere la ropa negra y el calzado blanco parece interpelarnos a quienes portamos otros colores. ¿Qué es estar a la moda? ¿Quiénes en este espacio lo estamos? Además de lxs de la pasarela. ¿Cómo se corrobora, con qué criterio? ¿Y por qué compartiría un criterio tan supuestamente personal con desconocidxs? Me atrevo a decir que las personas que hacemos al mundo de la danza tendemos a estar a la moda. Miro alrededor, compruebo y nos desprecio. Me agobia que todxs tengamos tanta onda para vestirnos, con qué necesidad. Luego me detengo en algunos sujetos y localizo señales que de una forma u otra, nos corren del camino del molde sólido, así que ni tan a la moda. O andá a saber, quizás a punta de esas señales también hemos logrado solidificar nuestro propio modelo. Lo que sí es seguro es que somos gente que sabe tomarse los atrevimientos propio de ser artista y configurarlos en atuendo. Y además es viernes y estamos en la Ciudad Autónoma. 

La coreografía-pasarela se parece mucho a la coreografía militar. Alguien se corre, se zafa y cae. Irrumpe en el espacio sonoro para develarnos la verdadera adversidad de las redes sociales, ¿o era de la adversidad de la verdad en red?, ¿o de la red de verdad social?, ¿o el socialismo en red?. ¿Acaso importa? Parecería que sí y mucho. 

La espacialidad múltiple propuesta por Alta Costura me tiene tan inmiscuida en la pasarela que olvidé al modelo no tan vivo. Que a esta altura bastante activo se le ve al cobrar una vida cuasi murguera y empujarnos a lo esperado. 

 

Este comentario fue realizado para la función de “Alta Costura Performance” el 7 de diciembre a las 20: 30 hs, en Sala de Máquinas.

 

Ficha técnico-artística:

Performance: Luciana Demichelis, Antonio Elmar, Pablo “Kun” Castro, Tomás Faiman, Florencia Fernández, Guillermo Gallegos, Rocío García Brangeri, Cecilia Grüner, Victoria Keriluk.

Diseño sonoro y música en vivo: BICHO.

Diseño y realización de vestuario: María Úrsula Orzanco.

Diseño de iluminación: Pablo Calmet.

Diseño gráfico: Victoria Keriluk.

Asistencia de dirección: Emilia Clara Pujadas

Idea y dirección: Luciana Demichelis, Antonio Elmar, Victoria Keriluk.

Comunicación en redes sociales: Emilia Clara Pujadas.

 

Andrea Ghuisolfi

Andrea Ghuisolfi es bailarina y docente de danza. Desde hace unos años colabora en fanzines y se interesa por la escritura de danza. Este año, motivada por la idea de zambullirse en el mundo de la escritura y profundizar sus estudios de danza, vino a vivir a Buenos Aires. En Montevideo, su ciudad de origen, egresó de la Formación de creación en danza contemporánea de Espacio Jexe! y de la carrera de Docente de Danzas Tradicionales del Uruguay de la Escuela Nacional de Danza del SODRE,. Trabaja en proyectos de educación popular con niños y adolescentes de diversos contextos. También se dedica a la docencia del tango y del folclore y a la gestión de espacios para su práctica. En ellos busca vincular estas danzas con su formación en danza contemporánea, procurando una resignificación y nueva búsqueda de los lenguajes folclóricos.

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