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Martes, 12 Marzo 2019 19:40

NADA PARA DECIR

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Es muchísimo lo que se ha dicho y lo que se dirá del trabajo de Pina Bausch. Tanto como la grandeza de su obra. Entonces me pregunto: ¿Qué novedad puede la conferencia performática “Moving with Pina” de la italiana Cristiana Morganti aportar al mundo fantástico de Pina? ¿Por qué esta obra fue tan perturbadoramente hermosa? ¿Qué más se puede decir?

La obra es el relato de una serie de anécdotas sobre la coreógrafa alemana. Cristiana bailó 21 años en la compañía Tanztheater de Pina Bausch en Wuppertal (Alemania) y renunció hace 5. La obra con la que vino a esta última edición del FIBA es una conferencia performática en la que cuenta su experiencia como bailarina en dicha compañía, y principalmente es un relato sensible sobre el universo de Pina desde los ojos, los oídos, la piel, las orejas de una bailarina.

Cristiana trata de transmitir la sensibilidad con la que la Pina Bausch era Pina Bausch. Creo que la forma más efectiva de transmitir o de recibir un relato sobre experiencias sucede cuando te quedás sin palabras para explicar los eventos y te empiezan a pasar cosas en el cuerpo. Efectos como la piel erizada, los ojos llenos de lágrimas, los nudos en la garganta o los silencios involuntarios son buenos indicadores de que algo fantástico acaba de ocurrir. La bailarina trata de explicar a lo largo de esta conferencia cómo Pina observaba el mundo y a su propia obra con todos los sentidos, entonces la palabra era algo de lo que ya no necesitaba. El maravilloso mundo de la sinestesia: contar cómo Pina veía con todo el cuerpo.

La obra empieza con una anécdota: Van Pina y Cristiana en un taxi, entonces Pina le pregunta a la bailarina (parafraseo de memoria el texto de la obra): Yo me dediqué a la danza porque no soy buena para hablar, pero vos Cristiana, con lo que te gusta hablar ¿por qué no te dedicaste a algo en lo que se incluyera la palabra?

Esa anécdota autoriza a Cristiana a hablar sobre su experiencia. Habla sobre la técnica de creación del Tanztheater con un relato lleno de recuerdos sueltos y sin ninguna rigurosidad expositiva. Cuenta también sobre un método de preguntas que tenía Pina para generar materiales de movimiento, y sobre la severidad alemana con la que trabaja la compañía.

Todo es un movimiento, una historia, una coreografía. El relato de Cristiana nos lleva por distintos lugares y todo recuerda a algo de lo que alguna vez conocimos de Bausch. El documento es el cuerpo: el cuerpo como ese objeto multidimensional y dinámico que cuenta una experiencia. Verla a ella en escena es recordar a Pina. La lleva en el cuerpo. La lleva en la forma de articular las muñecas y en el ritmo con el que mueve los pies. La lleva en la inflexión de las frases cuando habla de ella. 

El relato sobre Pina es sobre sus sentidos, porque no es buena hablando. Cuenta sobre cómo un movimiento es urgente y no hay otra cosa que pueda suceder para reemplazarlo. Pone ejemplos de cómo un gesto lleva a otro en una danza y de cómo se construye la inestabilidad. Explica que un movimiento se compone de un encuentro de fuerzas.

Vuelvo a preguntarme ¿Qué más se puede decir? O bien ¿cómo decirlo?

Cristiana habla de los sentidos de Pina, de cómo Pina creaba, observaba y absorbía la escena como una bailarina, es decir, con todo su cuerpo. Cuenta otra anécdota: Pina confiesa cómo hacía para corroborar que los bailarines hacían “La consagración de la primavera” todas las funciones con la misma potencia. Explica que todas las funciones ella se sentaba en la misma butaca del teatro. Allí esperaba que en la cuarta vuelta de una escena en que 30 bailarines corrían en círculos, comenzara a sentir una brisa en la cara, producto de la energía centrípeta que emanaban los cuerpos. A través de la brisa en la cara confirmaba que cada función las vueltas tenían la misma potencia. La brisa en su cara era el indicador de velocidad.

¿Qué más decir? ¿Escribir por la urgencia de guardar una experiencia? ¿Documentar un momento artístico? Barthes llamaría a ese documento el punctum: ¿Qué me interesa de lo que miro? El punctum es lo que me llama la atención de lo que veo, que no está atravesado por ningún “saber o cortesía” socio-histórico, sino por la fuerza de un “pinchazo”, algo que me atrae de lo que estoy viendo y me produce una curiosidad singular y subjetiva. Quizás la pregunta correcta (o menos desalentadora para esta tarea) sería ¿qué lugar tiene la palabra o la escritura  en universos tan sensibles como el que pretendo relatar?

Pero mientras escribo esto se me eriza la piel. Se me llenan los ojos de lágrimas. Y no sé muy bien por qué, pero quizás es por esa sensibilidad de Pina que sólo es comunicable con otra reacción sensible en el cuerpo. No hay palabras para explicarlo. No hay nada más que decir.

 

Texto a partir de la función “Moviéndonos con Pina. Una conferencia performática sobre la poesía, técnica y creatividad de Pina Bausch” de Cristiana Morganti. Teatro Timbre 4, domingo 27 de enero de 2019.

 

Julia de la Torre

Soy bailarina, coreógrafa e investigadora. Nací y viví casi toda mi vida en la ciudad de Buenos Aires. Estudié composición coreográfica en la UNA y me perfeccioné en México y Cuba. Hace más de 10 años que transito el campo de la creación escénica participando como asistente de dirección, intérprete, coreógrafa y directora, e incluso activa y sistemáticamente como estudiante y espectadora. Empiezo a escribir para poder hacer algo con todas las obras que veo. En el último tiempo dirigí Los perros semihundidos y bailé Los topos. 

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