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Domingo, 12 Agosto 2018 15:26

El fuego que hemos construido (1)

Escrito por

The radio station disappeared
Music turned into thin air
The DJ was the last to leave
She had well conditioned hair
Was beautiful but nothing really was there.

Hong Kong - Gorillaz

 

 

Hay una persona sentada sobre su sillón de tres cuerpos, agobiada de mirar su celular, de chatear a desgano, de mirar publicaciones. Desparramada arroja el teléfono sobre los pies donde yace recostada. Enciende la televisión y hace un zapping sin mirar, la actividad es pasar canales a gran velocidad, apenas el sonido ya salta a la otra imagen. Decide ver una película en Nexflix. Los próximos cuarenta minutos serán dedicados a buscar una de acción, una comedia romántica, un documental, una de suspenso, al final nada. Con los pies aprehende el celular, trae las piernas sobre sí y la pantalla en la oscuridad brilla sobre su cara. En el mundo virtual casi nada ha cambiado. Nada cambió. Esa persona puedo ser yo, vos, o cualquiera de las tres ejecutantes que interpretan Asuntos que queman:

El horror al vacío y al aburrimiento: el mero transcurrir del tiempo, la soledad de la introspección, de reconocer el cuerpo como propio, de no hacer nada, la quietud de la espera o la tranquilidad de la respiración: nada de eso ocurre. Todo en la función es velocidad, veloz entraña del jadeo de la información fragmentada imposible de asimilar. Los movimientos, las imágenes que reproduce la pantalla, que constituye casi la única escenografía, atiborran y convierte a las performers en parte de la saturación.

Las imágenes de actualidad mezcladas, y que también forman parte de los miles de videos que hormiguean en las redes, provocan un coctel que satura y que parece que explota pero no. ¿Cuánto es lo que pueden resistir los sentidos? ¿hasta dónde llega la atención? La vista no descansa y aquella mítica escena en la que Alex ve películas ultraviolentas con los ojos abiertos y fijos por unos ganchos, a fin de reinsertarse dentro la sociedad, en A Clockwork Orange permiten entender el sentimiento de querer, pero no poder retener siquiera una sola de las imágenes. La secuencia de la desesperación genera la atmósfera de tensión que llegado un punto finaliza, para nuevamente volver a la misma idea de repetición, con su fatiga y hastío a cuestas.

En este contexto, la danza es afín. Impregnada de ansiedad y de violencia rebela movimientos frenéticos, que va desde las poses de la auto-foto, hoy selfie, a la boca abierta en forma de grito que transmuta el rostro en desesperación, para luego volver a la cara inmutable: Acá no ha pasado nada. Como si entre ellas dirimieran y exteriorizaran lo que sucede en su interior, dentro de sus mentes en las cuales derrapan pensamientos. Como si la paz fuera algo que no existe sino sólo en sueños donde el fuego las quema y las vuelve vulnerables.

Hay una persona llena de buenos deseos en las redes sociales, corazones y esas cosas, que hace días no sale de la casa y le pregunta a la gata; ¿soy lo que ves o la de la foto?

Arrojadas a la intemperie, sólo una representación del fuego, único elemento escenográfico además de la pantalla gigante, las exilia del mundo virtual que distorsiona la verdad. Dentro de una oscuridad que remite a la soledad del campo, parece ser el contacto con la realidad, es donde se crea la reunión que exige de la atención en otro. Un salir de la propia mismidad. Allí en ese escenario, no es casual, que se huelan como animales, intenten con vigor y consternación oler la otra piel, consumirla, interiorizar rastros de vidas, experiencias tangibles.

Allí, en ese lugar puede que cuando amanezca dejen sus celulares, y puedan contemplar un paisaje, descansar. Reconciliar el tiempo muerto, hacerlo propio y edificar un yo que regresa y abraza, besa al cuerpo exhausto, lo perdona. Salvar el pellejo, permanecer, antes de que el futuro un disco duro que nunca se llena las mantenga como un gif sin solución de continuidad.

 

La presente reseña fue construida a partir de la obra de fecha 26/07/2018 en espacio callejón.

 

Ficha Técnica

Performers: Laila Gelerstein, Quillen Mut, Luna Schapira/ Textos: Javiera Pérez Salerno
Estilismo: Ulrico Eguizábal/Laboratorio transmedia: Gastón Lozan/Visuales y diseño sonoro: Sabrina Gazzaneo/Fragmentos de música original: Lisandro Ortuondo y Nacho Sánchez/Realización de escenografía: Diego Cinalli, Leonor García Vercillo, Leandro Cassissa/Diseño de iluminación: Lucas DM (IDV)/Operadores en vivo: Gastón Lozano, Lucas DM, Sabrina Gazzaneo/Colaboración creativa: Roberta Blázquez Caló/Asistencia de producción: Sofía Etcheverry/Idea y dirección general: Jimena Pérez Salerno.

NOTA (1) El mató a un policía motorizado.

Pablo Gungolo

Poeta, nació en Bahía Blanca y en la actualidad reside en Capital Federal. En el 2011 publicó su primer libro “Polaroid” (Editorial La Parte Maldita). Generalmente escribe en floresyfobias.blogspot.com (Elongando). Su próximo libro se llamará “los restos”.

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