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Lunes, 08 Junio 2020 01:04

Libros como vasijas

Escrito por María Paz Garaloces

 Febrero, 2020

 

- En la tercer línea del párrafo 1, 2, 3, 4, 5, justo en el medio de las palabras “eso” y “cuerpo”, agregar “es un”, cuidando que no quede muy apretada la línea, ¿funciona? 

- Si, si, seguimos... 

- En la página 120, en el encabezado superior izquierdo hay una negrita que no va, ¿la ves? 

- Sí! ¿qué más? 

- Si te fijas, al final de la página 122, donde está el pie de nota del esquema número 4, en la anteúltima línea, justo debajo de la palabra “movimiento” pareciera haber doble espacio ¿es así? 

- Sí. Corregido. 

- Espectacular. 

- Sigamos. 

- Vamos directo a la página 240, en el párrafo 1, 2, 3 hay que hacer algunas modificaciones muy sencillas, borrar desde la palabra “pivots” hasta “atención” y reemplazar por “eso que dejamos caer en el abismo”. Los dos últimos párrafos los vamos a acortar un poco así le damos aire al dibujo para que no quede todo tan comprimido en la página, ¿te parece que va bien?, ¿queda mejor? 

- Sí ¡Genial! 

- La última línea del párrafo 6 la vamos a convertir en un párrafo aparte, va en negrita y marginada a la derecha, aplicando el mismo criterio que tenemos en página 96

- Dame un segundo. 

- Sí, claro, todo el tiempo que necesites... 

- Ya estoy. Te paso unos screens para que veas como queda y seguimos

Así vamos tejiendo los libros de Segunda en Papel Editora con mi compañera Josefina. Arte del tejido, arte del pulido, arte del modelado, arte de la forma y el contenido, del contenido y la forma, siempre tan íntimamente asociados. Los mismos procedimientos de trabajo, los modos, las direcciones, las velocidades, el paso de las horas y la atención allí presente sin distracciones, va materializando cada línea, cada párrafo, cada página, cada gesto. Lo visual. Lo textual. La materia. Se va haciendo… así, sin más. Interpretando y comprendiendo el lenguaje de cada material, escuchándolo, oficiandole de interlocutoras. 

Libros como vasijas. Entender la masa, observarla, comenzar a palparla. Encontrar una primera punta desde donde ir tirando, doblando, cediendo, apuntando, apretando y soltando. Un poco interviniendo y otro poco dejando que tome la forma en el propio devenir de la cosa, las texturas y la porosidad del material. 

Trabajamos lento, lento, lento, capa tras capa, con tacto, haciendo con-tacto. Dejando macerar, orear. Otro encuentro más, otra vuelta de corrección para volver a tomar la obra y seguir limando irregularidades. Una y otra vez, y otra vez, hasta que los volúmenes y las dobles páginas sean aquello que buscan ser en lo más íntimo. 

Cuando la primer estructura está plasmada, dejamos secar el cacharro. Lo invitamos a descansar por un rato. Nuestra mejor maestra: la pausa. 

Luego lo lijamos, lo preparamos para la primer horneada: la primera prueba de imprenta, el primer prototipo. Llega a nuestras manos el libro en formato físico después de haber apostado tantas horas, tantos días, tantos encuentros, tantos meses al formato virtual, a la magia un poco ficticia de la pantalla. Allí se desencadenan otra serie de correcciones y ajustes. Volvemos a hacer girar la torneta. Volvemos a pulir y sacar lustre. Sacamos la lupa del cajón, lo iluminamos, ojo biónico al detalle, otra odisea en búsqueda de todos aquellos errores que anduvieron escondiéndose para ser encontrados: cada hallazgo es una gran celebración y un paño fresco al sudor. 

- ¿Puede que haya doble espacio entre la “c” y la “a”?

- ¡¡¡si!!!

- Espectacular.

- Le doy “save”.

A lo largo de un libro de 50, 100, 200, 300 o 1000 páginas suceden todo tipo de aciertos y accidentes. En cada vuelta de corrección aparecen nuevos encuentros, algunos errores y muchas sorpresas. Las letras, las palabras, las oraciones van macerando, levando, tal como lo hace el pan. Tienen un tiempo propio. 

Nuestros encuentros de trabajo también, se van dando, son aleatorios, no tienen un calendario fijo, sino que son y se dan en la medida que tengamos disposición al disfrute. Gozando del arte de trabajar en lo editorial: cuerpo, pensamiento, palabra, materia y movimiento.

Una vasija nunca termina de la manera que pensaste que sería, hay algo de eso en el arte de hacer libros también. Todo va cambiando (flexioná rodillas, sacudí cabeza, no impongas). 

Los egipcios utilizaban la vasija como ideograma para escribir el concepto de recipiente. Significa: "el ámbito en el que se produce la mezcla de las fuerzas".

Trabajar en y para la editorial es como entrar en un remolino sin tiempo, nos va guiando otra cosa, quién sabe muy bien qué. Ningún artilugio que haya aprendido en la academia sino más bien aprendizajes en el taller: alquimia, energía, física, fuego, entusiasmo, caos, orden, caos, orden, placer, juego y hacer en compañía con otrxs. 

Libros como vasijas, libros que guardan en sí espacio, libros que albergan vacío, libros que contienen mucho más que palabras, libros que invitan al lector de forma activa a sumergirse en ese espacio, en ese no-tiempo para…

 

(pensar, parar, pausar, idear, practicar, 

gritar, bailar, sonar, mover, 

graficar, cantar, dialogar, 

anotar, intervenir, 

cuestionar, aportar)

 

Después de 10 vueltas de corrección (o más), enviamos el original a imprenta. Es como mandar una vasija al horno después de haberla decorado: alegría, vértigo, adrenalina, dudas, llega el cierre de un largo proceso. 

Finalmente nos convocan al taller para realizar el control a pie de máquina y firmar pliegos. Realizamos ajustes junto a una red inmensa de artesanos y colegas que nos ayudan a calibrar los últimos detalles entre mates, un olor muy fuerte a tinta y las bellas manos del maquinista que están al servicio. Con su arte y amor por el oficio nos entrega el ejemplar, ese libro, el original y el horno: las vasijas. 

Maria Paz Garaloces

Ceramista y diseñadora

Ph. Yomara Valecillo

 

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