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Jueves, 20 Abril 2023 12:39

Danzas griegas y Coca-Cola en el espacio exterior

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Zuain, Josefina (2023) Danzas Griegas y Coca-Cola en el espacio exterior. Cuadernosdedanza.com.ar ISSN22508708. Publicado: 10 de Abril.

Catalogada como la peor película de la historia, Fire Maidens of the outer space (Doncellas de fuego del espacio exterior) fue estrenada en 1956 y empieza con una certeza: un avión despega en Los Álamos, New México, sobrevuela Nueva York y aterriza del otro lado del Atlántico. El avión traslada (según indican gestos, papeles y anteojos) científicos y profesionales, que llevarán a cabo “la expedición número trece”. En pocos minutos todo el equipo será reunido en la ciudad de Londres donde se realizará un despegue. 

El transporte es, ni más ni menos, un avión de la Trans World Airlines, aerolínea estadounidense que operó desde 1930 hasta 2001 y que mantuvo el monopolio del correo transatlántico durante la Segunda Guerra Mundial. Solo dos años después del estreno de este film, la empresa compró el primer Boeing 707, máquina que efectivamente realizará la ruta que acabamos de ver. Sin embargo, el “primer vuelo transatlántico” no lo realizó TWA sino la empresa inglesa BOAC, desde Londres a Nueva York, en ocho horas sin escala, unos meses antes. Estamos ante un complejo entramado entre alianzas estratégicas, competencias empresariales, publicidad, estética del consumo y del confort en cine. 

Como es de imaginar y como también podemos ver en este film, la comodidad y la velocidad en sinergia con la promesa de un mundo crecientemente interconectado, formaron parte de las campañas publicitarias que instalaron el uso de aviones para el traslado de personas. 

Mientras aterrizamos, el locutor presenta la situación de la siguiente manera: Por su mutuo interés de paz, las dos grandes naciones de Estados Unidos y Gran Bretaña han estado trabajando en una expedición secreta denominada “plan 13”. Los mejores científicos nucleares de Estados Unidos han sido encomendados para la operación conjunta. Se trata de una expedición al espacio exterior encabezada por Luther Blair. 

Del avión al auto sin escalas, los primeros cinco minutos del film son puro recorrido: promesas de movilidad y optimismo tecnológico se inmixtan en un relato “vertiginoso” bastante transhumanista. Largos y eficaces traslados hasta la base en la cual se está construyendo el cohete que llevará al equipo de “los cinco mejores hombres” a la decimotercera luna de Júpiter. De ahí el número trece del plan: ciencia y técnica tienen esa manía de equivalencia con el gesto de nombrar. 

¿Por qué viajan? Se cree, según investigaciones recientes, que la atmósfera de esta decimotercera luna de Júpiter es similar a la de la tierra lo que convierte a la expedición en un potencial encuentro con vida humana.Todo parece indicar que la intención de la expedición es encontrar un planeta alternativo (y angloparlante, en lo posible) donde sea viable desarrollar la vida humana de los aliados, ante la inminente destrucción total del planeta tierra por la escalada de las armas nucleares. El relato me suena siniestramente actual. 

 

Las hipótesis (más certezas, creo) se vuelcan todas sobre esta primera parte, es decir: (1) puede haber vida humana en la dicha luna; (2) el viaje es completamente realizable; (3) saldrán en siete días; (4) el “vuelo” tendrá una duración de tres semanas; (5) deben salir pronto (¡¡urgente!!) porque es el momento justo para que el viaje sea lo más corto posible. 

La primera aparición de una mujer tiene todo de coreográfico: caminatas precisas, largas y sonoras, espacios curvos recorridos rítmicamente, pequeñas rejas bajas se abren, se cierran, se abren, se cierran. Ella se mueve, mira y habla con precisión. Toma una silla y se sienta, apunta un recado, se levanta, regresa la silla a su lugar. Se retira, haciendo exactamente todas las mismas acciones que cuando entró a la sala circular donde se encuentra el enorme telescopio. Paciencia, la danza-danza, el modo compositivo que es fácilmente reconocible y ha recibido históricamente el nombre de danzas clásicas, aparecerá luego. 

Mirando fijamente los movimientos de la secretaria, me pregunto si los seres de júpiter se parecerán en algo a ella, comenta quien está ayudando a Luther a ajustar los últimos detalles de la gran aventura. 

Lo que sigue es inaudito, el equipo de cinco hombres sentados en una especie de oficina circular chequean que cada departamento tenga todo listo para el despegue. Llevan papeles, bolígrafos, relojes pulsera, están sentados en sillas de oficina. Y ese lugar, ¡es la nave!

Un reloj Longines marca el instante del despegue. Podemos ver explícitamente que el equipo viaja con sus “relajantes” cigarrillos Chesterfield. Todas las Coca Cola que sean necesarias se encuentran disponibles en la heladera expendedora de un pasillo de la pista de despegue. Vamos por marcas: 

Longines es una empresa de relojes que surgió allá por el año 1832 en un pueblo suizo y que a principios del siglo XX desarrolla el cronómetro de alta precisión, el cual fue muy utilizado en competencias de todo tipo (carreras de caballo, sky y otros) y, evidentemente, comercializado en Estados Unidos e Inglaterra. La presencia del producto da cuenta de un movimiento que refuerza en dos sentidos al mismo tiempo: la marca es garantía de calidad y la inclusión de la marca en la película es garantía de verosimilitud, de realidad. De hecho, Longines fue famosa por sus relojes para aviadores al incorporar al dispositivo de medición del tiempo la posibilidad de sincronizar con alguna señal de radio. Cuantificar el tiempo y mantenerse dentro de una frecuencia de radio serán aspectos importantes de la narración. Recordemos que durante el primer vuelo transatlántico en 1919, capitaneado por Charles Lindbergh, el piloto y único pasajero, usó un Longines. Ese primer vuelo enlazó Nueva York con París y, este dato no tiene taanto que ver, pero… Isadora Duncan fue a sacarse una foto con el piloto cuando llegó a tierra firme: 

 

Ph. Isadora y Lindbergh. 1927.  

 

Chesterfield era la marca de cigarrillos asociada a Humphrey Bogart, la gran mega estrella del cine (Casablanca, se acuerdan, ¿no?). En 1944, Bogart había aparecido fumando un cigarrillo Chesterfield en To Have and Have Not, pieza dirigida por Howard Hawks basada en una novela de Ernest Hemingway. Esta película fue considerada en su momento una especie de Casablanca II y formó parte de las campañas publicitarias de Chesterfield, las cuales apuntaban a vender el producto, como sano, relajante y refrescante. Además de mostrarse, por supuesto, como una elección propia de galanes exitosos. Cualidades por contacto mágico que lucirán los cinco “mejores” durante la expedición, contando con ceniceros dentro de la nave y, cada tanto, prendiendo todos a la vez un cigarrillo. ¡Alguien que me calcule la cantidad de atados necesarios para llegar a la decimotercera luna de Júpiter!

Coca-Cola, ícono de la estabilidad, el progreso, el libre consumo y la promesa democrática del acceso igualitario. Recordemos las palabras de Andy Warhol: Una Coca Cola es siempre una Coca Cola y no hay cantidad de dinero que pueda comprarte una Coca Cola mejor que la que se está bebiendo el último de los pobres en la acera de debajo de tu casa. Todas las Coca-Colas son siempre iguales y todas las Coca-Colas son buenas. Liz Taylor lo sabe, el presidente de los Estados Unidos lo sabe, el vagabundo lo sabe y tú también lo sabes.

La trinidad conformada por cigarrillos, gaseosa y relojes, propulsa desde la plataforma móvil del proyectil que se dirige súbitamente hacia lo alto, lejano, hacia una promesa de futuro. Es una pieza maestra. Son todos los rasgos del sueño americano del ascenso social y el libre consumo (disfrazado de “libertad”) imaginario en pleno desarrollo desde 1900. Ese sueño, sin embargo, chocará con la certeza cultual del pasado. El optimismo tecnológico, los lazos transatlánticos, el descubrimientos de nuevas tierras y el fanatismo helenístico, se cruzarán de un modo inesperado allá por Júpiter, entre danzas, vinos y algunos cigarros. 

 

Desde la tierra, el primer intento de comunicación con la nave se realiza por teléfono fijo. Quizás ustedes recuerden que hasta hace no poco tiempo, había un lugar asignado en la casa donde estaba el teléfono, al cual le entraba la señal telefónica por cable. ¿Cuántos metros de cable necesitamos de la nave a la tierra?

El vuelo parece correr calmo, con cigarrillos, charlas y guiños entre la tripulación: muchos signos de confianza hacia el capitán hacen del grupo la imagen de la cohesión, la confianza y el orden social, cada uno se encarga de su área de conocimiento, por supuesto, son todos especialistas. Se ve por la ventana cómo la nave se aleja de la tierra, si bien más parece que la tierra se alejara de la nave. Sólo un pequeño percance: una lluvia de meteoritos que lo pone todo en peligro y además son meteoritos de hielo lo que enfría la nave... Es sólo un momento, todo pasa. La situación está llena de detalles que vale mucho la pena ver al ritmo de una narración lenta y probablemente un poco ríspida para las personas acostumbradas a la alta velocidad audiovisual. Digamos simplemente que en la nave, durante tres semanas, la vida es igual que en la tierra: se fuma, se toma café, se mantiene la cara perfectamente afeitada (!!). 

Un aterrizaje impecable, luego de una señal recibida por la radio que les ha indicado (en inglés) donde debían realizarlo. El statement a través de la radio es lo suficientemente contundente: venimos desde la tierra para realizar una amigable expedición científica. Las palabras abren paso. Ya en luna firme, el momento gravitatorio es celebrado con unos Chesterfield y un tiempo para confesarse las ganas compartidas por saber qué hay ahí afuera.

 

 

La escalera para salir de la nave merece todos los aplausos de la historia del cine y mucho más. Parece una escalera hecha por un campesino medieval para alcanzar aceitunas en tiempo de cosecha. ¿Quizás sea el símbolo de la torsión del tiempo que está a punto de ocurrir? 

La salida de la nave también es coreográfica y las primeras exploraciones en el planeta se parecen un poco a una película de cowboys fusionada con cine mudo de acción y las danzas de Nijinsky. El primer mensaje es clarísimo: una estatua de una mujer desnuda informa presencia humana y belleza clásica. ¡¡Esto es un descubrimiento!!

Menos mal que el aire de la decimotercera luna de Júpiter es igualito al de cualquier descampado de un estudio de Hollywood, porque los cinco mejores hombres, no se han colocado nada sobre sus cabezas antes de salir a ver qué hay ahí afuera. La predicción científica no da lugar a dudas y, mucho menos, a error. El equipo explora con todos los elementos necesarios: cada uno porta su arma y, uno de ellos, lleva una Polaroid. 

 

 

El arte, entonces, aparece en el relato como la primera evidencia de vida humana. La figura, su modelado y el procedimiento de representación, que, como habrán notado, sigue la iconografía de Afrodita. La estatua es la misma que encontraremos en la pintura mural que decora el interior de la casa. Bueno, casa o templo. Llamémoslo por ahora el espacio reservado a la vida humana, donde un grupo de mujeres jóvenes y hermosas, todas bailarinas de danzas clásicas griegas, viven controladas por un viejo de m… y aterrorizadas porque “Nijinsky” azota disfrazado de gorila desde el exterior de los muros. El impecable aterrizaje ha dejado la nave a menos de un kilómetro del único templo griego que conserva vida humana en toda la luna que si fuera chica como la luna de la tierra tendría 37.930.000 kilómetros cuadrados. Papá me diría: Josefina, es una película!!  

Si, es una película y es de ciencia ficción, pero, la ciencia ficción presuntamente utiliza los conocimientos científicos para imaginar mundos posibles. Dado que los datos empíricos no son el fuerte del guionista, ¿será la historia del arte la que orienta científicamente la construcción de este mundo?

Luego de intentar matar a “Nijinsky” y rescatar a una mujer muda, el capitán decide separar al equipo porque, como ya se ha dicho en varias ocasiones desde el aterrizaje, se está haciendo tarde (¿será CET o UTC el huso horario?). El capitán y su asistente Larsen seguirán a la jovencita y los otros tres deberán regresar a la nave si pasan más de treinta minutos sin que ellos se reúnan con el grupo. Es decir, Luther se lleva a Larsen del otro lado de la muralla, donde una chica rubia que han encontrado tratando de escaparse de las garras del único gorila que hay en toda la luna, los lleva con cara y paso lánguido. Ellos la siguen con total confianza y brillitos en los ojos.

Ya dentro del espacio reservado a la vida humana, la pintura de Afrodita resulta ser en verdad un retrato “de la madre de la madre” (Lamamamadelamamamadelamama!!) del señor bastante mayor que les da la bienvenida al capitán Larsen y su asistente Luther y les anuncia que se encuentran en Nueva Atlántida (¡Si!). Este señor, disfrazado de franciscano, se presenta como el único sobreviviente masculino de Atlántida. Hospitalario, buen anfitrión, anuncia que ya tendrán mucho tiempo para hablar y que efectivamente sabe que han atravesado una lluvia de meteoritos a mitad del viaje. De pronto grita: El hombre con la cabeza de bestia debe ser destruído. 

La hija del último sobreviviente de Atlántida es Jaqueline Curtis. En la película interpreta a Hestia, princesa de Atlantis, quien es enviada por su padre para preparar una cena y unas bebidas luego de haber sido, literalmente, regalada al capitán Luther. Hestia regresa junto a un séquito de mujeres hermosas: las últimas descendientes de Afrodita. Todas hijas del mismo viejo de m… que ahora sabemos que se llama Prasus. 

Los clichés no paran. Una de ellas, “la morocha” rivaliza con Hestia “la rubia”. Primera ronda de vino, la mesa simula un banquete griego, un poco minoico a decir verdad. Comienza la danza, ahora sí. Duncaniana por dónde se la mire. Ese estilo representado por Maud Allan primero y ampliamente difundido a través de las hermanas Duncan: las bailarinas de pies descalzos que pretendían imitar la única y verdadera danza clásica. Una suerte de reconstrucción de una imagen perdida inaprehensible e inasible, que marcó y sigue marcando toda una corriente de estilo en las prácticas danzadas. Esta corriente de recuperación de las danzas antiguas, consideradas sagradas y llamadas clásicas, hunde sus raíces en el fanatismo helenístico norteamericano de finales del siglo XIX. 

 

 Bailan descalzas, al unísono, es un grupo pero no se ven homogeneizadas, expanden sus brazos livianos al cielo, elevan su mentón y su pecho, realizan pequeños pasos y cruces de piernas que les permiten balancearse representando la línea melódica. Las caderas alineadas con los pies y la cabeza, la mirada proyectada al espectador. Todas visten igual, todas muestran sus piernas y a todas les destaca el pecho un corpiño puntiagudo (es lo más alienígena que vi hasta ahora).

Suenan las notas de Prince Igor la ópera compuesta por Alexander Bodorin. Además de Isadora lo que estamos viendo es una adaptación de las Danzas polovtsianas famosísima coreografía de Mikhail Fokine considerada pieza icónica del Ballet Russe, mundialmente conocida a partir de 1909 tras su estreno en París en el marco de las Temporadas Rusas, producidas por Sergey Diaghilev. ¡Qué sorpresa!

En la adaptación arcaizante, pseudo isadorable, se han incluido también algunos gestos de la mímica del ballet como la extensión de brazos que indica lugar, recepción y estadía, el gesto de rolar las manos en el aire que significa invitación a danzar y el gesto de Hestia, al final de la danza, que indica agradecimiento y final, casi una reverencia. 

La coreografía original de Fokine se divide aquí en dos partes, al medio y al final de la película: la primera es una danza dedicada a los hombres durante el desarrollo de un banquete. Una danza que los hipnotiza hasta que pierden la conciencia por el efecto del vino, diríamos que este momento retoma la trama dramática de la pieza original. La segunda será un sacrificio y es más “rara”. 

 

 De pronto todo sucede rapidísimo: aquella hermana morocha que representa la competencia de la mujer rubia, programa el sacrificio de Hestia porque, siendo mayor, es a ella a quien le corresponde recibir un esposo primero. Pasó de ser regalada a recibir un regalo.  Todas las hermanas de Afrodita están de acuerdo con el plan, cantan al unísono: sacrificio, sacrificio... 

Se organiza la danza de fiesta ritual. Se anuncia, se prepara la escena luego del rapto de Hestia, que lo cometen todas las chicas juntas. No quiero demorar mucho en señalar que la misma pintura que antes estaba en el salón del banquete, se encuentra ahora detrás del altar de sacrificio.

Por otro lado, ¿es necesario recordar que estábamos en la decimotercera luna de Júpiter o no hace falta?

Esta segunda danza comienza con una cita explícita a la danza de la bruja compuesta por Mary Wigman (creo que en 1914, pero de la cual podemos ver un registro de 1929), mientras seis bailarinas sentadas en el piso con piernas cruzadas estiran sus brazos alternadamente como si desgarraran el aire o el espacio o el tiempo a cada movimiento. En el centro de la ronda, sentada en la misma posición, quien ha auspiciado el sacrificio se carga de fuerzas que la expulsan del suelo a la vertical y centrifugamente la sumergen en un giro interminable y frenético (no tanto eh!). 

Lo que sigue me resulta coreográficamente indescifrable, tal vez incluso por lo mucho que se parece a todo. Tiene un poco de danza moderna semimalhecha, un poco de danzas clásicas mediocres, siguen destellando señales del Ballet Russe antes citado. Frente a una cariátide de esas que en la realidad se encuentran frente al Partenón en Grecia, con las cuales Isadora Duncan se hizo una serie de retratos muy conocidos, la bailarina traza diagonales que conectan la estatua con el altar, calculo que para subrayar el carácter sacro del asesinato que está a punto de cometer. Sobre el altar, atada y sin poder moverse, yace Hestia, sigue muda, mientras un fuego, claramente ubicado detrás de ella “amenaza” con acabar con su vida. Del lado izquierdo de la pantalla una estatua de la danza de la muerte, del otro lado un cuerpo masculino con cabeza de toro, contornean la acción cargándola de símbolos “orientadores”.

 

   

 Bueno, es una obviedad a esta altura del texto volver a decir que la película reúne, condensa y estalla los sentidos de los cuales se afianza para construir el relato, esa es la razón por la cual me he propuesto enumerar los elementos, describir y poner en relación los detalles. 

Pero quedan muchas cosas sin responder… ¿Por qué al llegar a tierras ignotas lo que encuentran son chicas bailarinas? ¿Qué impacto “científico” tiene este descubrimiento para la expedición? Esa imagen del proyectil del progreso, que se teje como flujo de intercambio cultural utilizando la lengua como medio y garante, ya desde el siglo XIX, va dando espacio a las nuevas relaciones entre Estados Unidos e Inglaterra, las cuales tienen vectores de fuerza en el cine, en la danza, en la literatura, entre otros. 

Hace poco tiempo se hicieron públicos los resultados de una encuesta en que se reflejaba que la mayor parte del pueblo estadounidense cree que en la guerra de la independencia (1781) el objetivo era independizarse de los indios. Esta creencia da cuenta de la fuerza moral del lazo que los une y la invisibilidad bajo la cual se ejerce la operación simbólica que hermana Estados Unidos con Inglaterra. La alianza lingüística, cultural y económica se ha vuelto invisible también a través de la industria del cine, los productos de consumo, las rutas aéreas que fueron respuesta a las ya fluidas rutas marítimas. Fire Maidens… siendo una pieza un poco marginal, probablemente por sus resultados económicos y por la cadena de malas decisiones tomadas, refleja un imaginario que se presenta, representa y promueve a través del cine y la publicidad haciendo sinergia, diríamos que se sirve de la potencia revolucionaria de este medio para promover valores más bien conservadores y consumistas. 

Cuando leí por primera vez la síntesis de este film, me llamó mucho la atención que el planeta que descubren funciona como una cápsula de conservación de una cultura perdida. Pero claro, con el renacimiento del mito de Atlántida y la búsqueda efectiva de la supuesta civilización perdida, que sucede con bastante intensidad los primeros cincuenta años del siglo, sumado a la idealización de la cultura griega y, como coletazo, de un grupo de bailarinas que renovaron realmente los escenarios escudando sus piernas desnudas y sus movimientos lánguidos detrás del ideal griego y la argumentación de recuperación de saberes sacros y perdidos (Maud Allan, Isadora Duncan y Loie Fuller), tenemos bastante material para no ver allí relaciones azarosas, sino una reproducción de un imaginario cultural muy vigente en aquellos años de guerra fría y armas nucleares. 

Sin embargo, las danzas suelen correr por venas inesperadas y, allí, en medio de la danza de bienvenida que representa el reencuentro de la civilización perdida producto de la alianza entre Estados Unidos e Inglaterra, se está bailando una coreografía de Fokine. Un fallido, supongo, pero que da cuenta de que cuando queremos escribir relatos pulcros, territoriales, nacionalistas y lingüísticos de la historia de la danza, el tiro se nos sale por la culata. 

El final mejor no lo cuento. Sólo volvamos un instante al comienzo, para recordar una advertencia escrita durante la presentación de créditos del film: All character in space are fictitious. Si, si, me lo temía. 

Link a la película →  https://www.youtube.com/watch?v=NLb3KAvnaS0

 


 

Ficha Técnica

Dirigido por Cy Roth

Guión por Cy roth

Cinematografía Ian D. Struthers

Editado por Lito Carruthers

Musica por trevor duncan

Distribuido por Películas de Eros

Fecha de lanzamiento 6 de septiembre de 1956

Duración 80 minutos

Idioma Inglés


 

Elenco 

Anthony Dexter como Luther Blair

Susan Shaw como Hestia

Paul Carpenter como Capitán Larson

Jacqueline Curtis como Duessa

Harry Fowler como Sydney Stanhope

Sydney Tafler como Dra. Higgins

Owen Berry como Praso

Rodney Diak como Anderson

Maya Koumani como doncella de fuego

Richard Walter como la criatura

Norma Arnold como doncella de fuego

Sylvia Burrows como doncella de fuego

Ann Elsden como doncella de fuego

Marcella Georgius como doncella de fuego

Corinne Gray como doncella de fuego

 

Josefina Zuain

El tema del ser es para mí un tropezón asegurado. Bailo y escribo, bailo y estiro, bailo y no bailo. Me gusta decir: soy bailarina y escritora. Escribo, escribo, escribo... bastante compulsiva-mente.

Tal vez todos mis textos hablan de la acción de separar y del amor. Separar como modo de re-unir, re-condensar, volver a pensar y seguir (no) siendo. Amor: mi cuerpo. Segunda es mi relación más estable y duradera. Aquí, entre amistades, casualidades, pasiones y deseo, inventamos y recreamos los modos en que podemos pensar (seguir pensando) y volver a pensar en-con-a través de la danza.

 

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