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Martes, 05 Septiembre 2023 10:44

Plan B

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Lanfranco, Marina (2023) Plan B. Cuadernosdedanza.com.ar ISSN22508708. Publicado: 5 de septiembre.

Sábado 15 de octubre de 2022, 14.30 p.m. Se largó a llover y veo cómo mis planes van desintegrándose con el agua. Esa noche iba a poner en funcionamiento una perfo-instalación que se me ocurrió denominar Máquina Inútil para el Ciclo de Solos de Octopo en Tolosa, ese lugar tan increíble que ha sido refugio para muches en diferentes momentos y sobre todo tiempos pandémicos.

Luego de la pandemia (inentendible aún y que dejó rastros en el cuerpo y la sensitividad que erizan la piel con apenas recordarla) volvimos a bailar por primera vez allí con un protocolo increíblemente hermoso ideado por Fer Tappatá al cual llamamos Solo para 5. La posibilidad sublime de pensarnos de vuelta en escena de manera presencial, logró emocionar hasta la médula al mundo de la danza y la performance platense hace dos años atrás.

Desde hace mucho tiempo, tenía ganas de hacer algo que se vea desde arriba. Pasaron un par de obras/instalaciones/perfos en las que imaginaba que se podría mirar desde un tubo, una cúpula, desde un balcón o desde un puente. Pero siempre desistía de mi deseo para simplificar las cosas. En esta oportunidad lo tenía casi casi logrado. Se trataba del estreno inminente de Máquina Inútil.

Bruno Munari (1) había escrito en 1966 sobre algunos elementos que formaban parte de su obra y que había denominado máquinas inútiles. El autor escribió también acerca de cómo sus móviles terminaron siendo considerados las copias de los que Alexander Calder (2) en verdad diseñó años después y con los que saltó a la fama. Este hecho, al parecer anecdótico, fue absolutamente trascendental ya que dio como resultado que Munari apareciera en la historia de las artes visuales como su imitador (3). 

La historia lo convierte en imitador de su propia obra, un verdadero oxímoron. O no. La historia me resultó fascinante. 

Todos los elementos que componen una máquina inútil guardan una relación armónica entre sí (…) los elementos que componen una máquina inútil rotan sobre sí mismos y entre sí sin tocarse, tienen un origen geométrico y las dos caras disponen de elementos giratorios con variaciones cromáticas” (Munari, 2020:7,9)

A diferencia de las de Munari, MI Máquina Inútil era de perfiles de acero y era más bien un circuito que un adorno. Constituida, entonces, por perfiles de acero, ladrillos huecos, hojas secas en el baño de los gatos, una bomba de agua azul oxidada y guardada en el lavadero, una canilla de donde casi nunca salía agua, un zapping-lanza ninja, las lianas de la glicina cayéndome cerca de la cara y el patio completamente habilitado para mí con todos sus elementos; donde había ensayado la estructura a montar varias veces con diversas suertes y resultados ya que un porcentaje muy importante de la performance queda reservado al azar.

Esto del azar, era un dato muy importante que un poco invalidaba gran parte del trabajo, pero no era el punto Me encanta lo azaroso, el accidente y lo que aparece de manera espontánea en escena, la sorpresa que me saca del lugar premeditado, al menos parcialmente. Esto me parece cautivante y le da una materia viva especial tanto para le performer como para las personas que participan desde la observación, escucha o participación activa.

Lo más valioso era la posibilidad de ser vista de arriba. Las personas se ubicaron en la antesala de Octopo, o sea, en la terracita y en los escalones. En cada uno de ellos. La idea era que todes estuviéramos en el exterior, bajo los árboles y el cielo. Muchas fueron las versiones y contingencias que se dieron en los distintos ensayos y pruebas de MI Máquina Inútil; pero nunca, NUNCA había llovido en esos dos meses de ensayos. Y nunca, NUNCA había llovido en ninguna función en los dos años que se venía haciendo el ciclo. 

 

 

Escucho un silencio super fuerte en mi cabeza. Me arrodillo en el sillón donde estoy sentada y miro por la ventana. Se empañaron algunos vidrios, algunos libros y ladrillos huecos. Escucho un audio a medias, lo tengo que volver a escuchar porque no puedo prestarle atención porque estoy pensando en varias cosas a la vez y esos pensamientos son contradictorios entre sí. 

Me debato entre abandonar todos mis planes para esa fecha o resurgir con algo completamente nuevo “de las cenizas” (en este momento totalmente mojadas). Siento muchas ganas de llorar y de bailar a la vez, así que lo hice: baile y lloré. Me filmé. Me vi, y eso que nunca me gusta verme en los registros de cuando bailo. Lo compartí con tres personas. Con casi nadie. 

La danza me ha salvado muchas veces de mis propias sombras y me ha servido de antídoto y sublimación de varias cosas, momentos y oscuridades hasta el día de hoy. Discutí con y sobre la palabra danza muchas veces también, sola y con otres, e incluso la abandoné jurando no volver nunca más (4): abandoné la danza primero y la palabra danza después. Durante años. Demasiado creo, todavía sufro secuelas invisibles de ese abandono.

 

 

Foto: María Florencia Roig

 

El sillón que tengo en casa es un poco como una cueva, te atrapa. Decidí salir y buscar una alternativa, un PLAN B. Al fin de cuentas me dedico a improvisar, es actualmente donde más habito desde el movimiento, como metodología y herramienta de trabajo y como sustancia escénica. Siempre lo estoy haciendo. Algunos de esos movimientos, recorridos, oscilaciones y cruces me empiezan a interesar y los guardo. Hago un backup de mi propia práctica. 

Mientras me muevo leo en la pared: yo dibujo con tiza vos dibuja con lo que quieras (5). 

Me aferro a pruebas antes visitadas que aparecen como destellos, a mi propia corporalidad y un vestuario similar a lo que vengo probando en el taller De una exploración al cuerpo con Laura Valencia en el Galpón de La Grieta, donde había entrado en un viaje un poco siniestro y sentía que quería sacarme la piel. Voy por ahí. Porque se ve que algo de eso me interesa. La idea de sacarme capas de piel y también la idea de lo siniestro.

Me golpeo un poco las rodillas porque dejo que la emocionalidad se apodere de mis movimientos para sumarle un poquito más de drama al (ya) dramático panorama de la tormenta. La imposibilidad de montar la perfo en la que venía trabajando hacía meses y que debía suceder en unas pocas horas es ahora la incertidumbre frente a la decisión de QUÉ hacer con todo eso a la vez. 

 

.  

Foto: Andrea Ajis

Me vuelvo a sentar en el sillón. Se ve que la combinación físico-química de la danza en sangre está haciendo su efecto. 

Rhea Volij escribió que “tenemos al cuerpo, explosiones contraídas, un campo intensivo donde se despliega ciertas duraciones, las capturas del tiempo de las cosas, cada devenir como minucioso tejido del material y su temporalidad” (2021:55) (6). Me hace sentido esta escritura de Rhea. Me hace muy bien recordar que entonces tenemos al cuerpo. Y el cuerpo nos tiene.

En la casa en la que vivo ahora había dejado uno de los cuartos totalmente vacío para poder bailar sola o con algunos de los proyectos colectivos de los que formo parte. Allí ensayamos todo el año (2022) al menos dos procesos importantes; Cuerpo Terrestre con La Lobería y una perfo hermosa que denominamos LaMasa (a la perfo y a la grupa) flasheando instalaciones lumínicas, sonoras, kinéticas. Un verdadero lujo-conquista colectiva. 

También se ensayaron allí, en la habitación contigua a mi propio cuarto, otros proyectos de los que no formé parte de ninguna manera. Pero frente a estas realidades entendí que, de pronto, mi casa se transformó un poco en un espacio de creación escénica. Otro lujo-conquista y no puedo dejar de pensar en el manifiesto absoluto de Virginia Wolf Un cuarto propio frente a este privilegio. 

Los dos primeros proyectos mencionados ganaron la calle y al sacarlos multiplicaron su potencia de una forma increíble, se amplificaron volumétricamente.

Ahora ese cuarto está lleno de cosas. La bici, el tender, dos muebles enormes un poco inservibles, mucha ropa y juguetes de Charo que no usamos y no sé dónde poner, una biblioteca casi vacía, mantas, tachos de pintura, lámparas para colocar algún día en la casa, un skate que nunca usé, muchas cosas que fui encontrando en la calle. Me doy cuenta que me auto-obturé la posibilidad de bailar cuando desee sin tener que ir a una sala.

El espacio desapareció con los muebles y cosas dentro. No sé qué hay ahí, ni para qué. Ahora mantengo las puertas cerradas para no ver todo ese desorden que me desorienta y un poco me deprime. Lo hice desaparecer de mi cotidianeidad 

Reminiscencia de un principio de acumulación capitalista, tal vez, aunque esas cosas no fueran compradas, están ahí, todas juntas, como piezas de museo, cancelando el espacio para mover las ideas y el cuerpo. Suena fuerte y es difícil desandar esos modelos impresos en la propia historia. No sé por qué a veces hago algunas cosas que hago

Este día debía estrenar la Máquina Inútil, me encontraba en la sala vacía (el cuarto, entonces, sala), haciendo unas primeras pruebas, totalmente desorientada. Como objetos escénicos introduje solo una canasta de metal donde llevar cables, unos dinosaurios de cotillón, una guerra con la camisa que llevaba puesta y un tacho de luz de obra que se volvió mi luminaria fetiche.

Entonces se me ocurrió una instalación. La canasta rejita dispuesta casi en el centro del espacio, hacia adelante, se trasformó en una montaña o un calabozo. La cubrí con la camisa. Enchufé mi tacho fetiche en el fondo del espacio y me iluminé por detrás (me gusta mucho que se vean los cables en escena y operar los artefactos yo misma). Un dinosaurio volador fue el primero en suspenderse en la montaña calabozo. Le siguieron les otres. Podía ver sus cuerpos o sus sombras a través de la tela blanca en contraluz. Volví a leer en la pared: Yo dibujo con tiza, vos dibuja con lo que quieras.

 

Notas

(1) Bruno Munari (1907-1998) diseñador italiano. Se pueden ver videos de sus talleres con niñes, jugando, inventando, diseñando y rompiendo estructuras de formas y teorías con elles. Recuperado de https://90mas10.com/2021/04/05/bruno-munari-jugar-para-disenar/ acceso 8.3.2023.  

(2) Alexander Calder (1898-1976) ingeniero y escultor norteamericano. Trabajo en lo que se denominaría a partir de allí la escultura cinética o de movimiento. Realizaba performances con juguetes y pequeñas funciones así como grandes instalaciones. Se puede visitar su obra en el enlace recuperado de https://rz100arte.com/arte-ninos-alexander-calder-moviles-al-alcance-los-mas-pequenos/ acceso 8.3.2023

(3) Munari Bruno (2020) El arte como oficio. Gustavo Gili, Barcelona. La primera edición de este libro guarda como titulo original Arte come mestiere Gius. Laterza y Figli Bari/Roma, 1966. 

(4) Marie Bardet escribió que la danza siempre está “corriendo el riesgo de desaparecer en la efim-errancia de su presentación o en sus límites como práctica social (2012:115). Cruzándola con la escritura y su posibilidad de nombrarla como tal, más adelante escribe que: “si la danza es continuamente devuelta hacia el desafío de su existencia artística entre evanescencia e inscripción, es porque efectivamente el arte de la danza de manera esencial como composición en movimiento” (2012:218) Pensar con mover, Editorial Cactus, Buenos Aires. 

(5) Hace casi un año me mudé a una casa nueva, donde vivo ahora. Con Charo, mi hija, intervenimos varias de las paredes de la casa, con tizas, fibras, acrílicos, témperas y acuarelas. Se ve que necesitábamos apropiarnos de inmediato de ese nuevo espacio, arquitectura extraña a nuestras existencias, para sentirlo conocido, cercano y propio desde siempre.

(6) Volij Rhea (2021) Butoh. La conjura de la representación. Vagantes Fabulae, Buenos Aires.

 

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